Hace justo un año que soy escort, trabajadora sexual o prostituta de lujo, como queráis llamarlo, y creo que no está de más contaros como una chica como yo, ha acabado ejerciendo un trabajo como este.Siempre he sido una chica alegre y feliz, con una vida corriente, un trabajo corriente, y eso sí, unos prejuicios respecto al sexo de pago impresionante.
Es curioso, porque desde muy joven me empecé a interesar por el sexo, siempre he tenido una mentalidad abierta y he sido una incomprendida por mis amigas y las personas mas allegadas a mí, era solo una niña cuando empecé a juguetear con mi mejor amiga y vecina, descubrimos el placer del sexo juntas y estuvimos así hasta la adolescencia, en su casa, en la mía, debajo de la escalera vecinal... otro día os contaré mi aventura con detalles para los más morbosos ;)
El caso es, que siempre he vivido el sexo con total libertad, a partir de ahí empecé a enrollarme con chicos, he tenido mis novios, he disfrutado todo lo que he podido y no me arrepiento de nada en absoluto, nunca he dejado ni dejaré de pasarlo bien.
Hablarme del sexo de pago era más que incómodo para mí, la palabra “puta” me daba escalofríos, no soportaba cualquier tipo de conversación en ese sentido, odiaba los reportajes que daban sobre el tema y no entendía porqué habían mujeres dedicadas a la prostitución, me ofendía, me molestaba profundamente, siempre pensé que antes de eso podían hacer cualquier otra cosa, que habían otras opciones, y que elegían lo fácil... ahora lo que veo fácil és juzgar sin tener ni idea.
Justo unos meses antes de que en mi mente cupiera la posibilidad de hacer lo que hago actualmente, conocí a una chica muy independiente, la llamaremos...Jennifer, joven y guapa, vivía sola y le iba muy bien, acabó por contarme a que se dedicaba, era escort, poco a poco me fuí informando de a qué se refería exactamente, ni siquiera conocía el término, aunque eso no cambió las cosas ni mi forma de pensar, de lujo o no, seguía siendo sexo por dinero.
No dejé de criticarla ni un solo momento, me indignaba lo que hacía, y hasta daba por hecho que ella realmente no era feliz ni estaba bien llevando esa vida, que ilusa...
Poco después empecé a tener problemas económicos bastante importantes, y ya no era suficiente el sueldo que ganaba como secretaria de dirección, era un momento delicado para mí y estaba tan susceptible, que Jennifer encontró la manera de empezar a contarme sus experiencias como escort, todo lo bueno que le aportaba, lo bien que le iba, etc.. vamos, me lo puso de color de rosa, a medida que pasaban los días, mi problema se agravaba y Jennifer me convencía, mi corazón y mi cabeza estaban en plena batalla campal, “no podía ser posible que me planteara ejercer la prostitución, ¡tenía unos principios!” pero por otro lado “necesitaba el dinero ya para salir del problema, y poder dormir tranquila de una vez”.
Además hasta pensaba que podía valer, que quizás se me diera bien, me gusta el sexo, relacionarme con gente, conversar, y el morbo de las citas a ciegas me llamaba mucho la atención.
Lo hice, sin pensarlo más, acepté probar, mi situación era desesperada y tenía que intentarlo.
En el fondo sabía que era un gran paso en mi vida, algo que no se borraría nunca si me llegaba a arrepentir, tenía miedo, dudas, y también mucha curiosidad.
Pensaba en cómo sería, que sentiría, y sobretodo si me compensaría lo suficiente.
Me puse en contacto con una agencia, ya que Jennifer finalmente me dejó a la deriva, y me dí cuenta de que no era tan sencillo como parecía desde fuera, entrevista, book fotográfico, vestuario adecuado, y dos ovarios bien puestos para echarle morro al asunto.
Estaba totalmente “virgen” en esto, y cuándo mi jefa me llamó para concretar mi primera cita, me comían los nervios, todavía lo recuerdo como si fuera ayer, no sabía quién me esperaba en aquella habitación, ni como era, ni que pasaría, pero estaba decidida y me convencí de que todo tenía que salir bien. Fué en Luxtal, un hombre de mediana edad muy educado y agradable (menos mal, no puedo decir que mi primera experiencia fuera mala), pero también la dejaré para contar en otro momento.
Para mi sorpresa, la sensación que tuve al salir de allí fué de plena satisfacción, me sentía bien, un poco rara por todo dadas las circunstancias, pero contenta. A partir de aquí todo fué rodado, un cliente, y otro, otro más...me hice independiente... poco a poco fuí conociendo apartamentos, hoteles, etc., casi sin darme cuenta me adentraba cada vez más en este mundo, ¿y sabéis qué? Me gustaba.
De todas formas, hay que tener las cosas muy claras para ejercer esta profesión y creo que todas las que lo hacemos, hemos empezado en esto por un motivo de peso, me cuesta mucho pensar que hayan casos en los que no sea así, porque en realidad no es fácil, es más, hay veces en las que és muy difícil, pero aún así, a mí me sigue compensando en muchos sentidos hoy por hoy, quién sabe si mañana.
Continúo...
Se me iban solucionando las cosas y cada vez tenía más experiéncia, contacté con algunas compañeras, seguí sus consejos (entre los cuales estaba la creación de este blog) y aquí sigo, intentando hacerme un hueco en esta profesión tan honrosa como cualquier otra, con el apoyo y el respeto de las personas que me quieren, y liberada de los prejuicios de la sociedad.
El resultado és que ha nacido Sandra, una mujer nueva de la que estoy muy orgullosa y con la cabeza muy alta, ya me puedo responder a mí misma, “Sí, soy puta... ¿y qué?”
Un millón de gracias a todos los que hayáis invertido vuestro tiempo en leer esto.
Besos!
Sandra.
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